Mitos de la política dominicana

El imaginario político dominicano está lleno de mitos. A partir de éstos podemos aproximarnos a cuestiones vitales para entender la política dominicana. Pienso que ese imaginario asegura al dominicano promedio encontrar explicación a todo, o a casi todo lo que ocurre en la vida pública, siendo quizás la fortaleza más sólida de nuestro orden político. Permite justificar el autoritarismo, la irresponsabilidad de nuestras élites, las grandes desigualdades sociales y nuestro “conservadurismo democrático”, no porque la gente acepte todo esto de manera explícita, sino porque lo reconoce como lenguaje, como pensamiento, y a ello se somete. El resultado es la imagen de una dinámica sociedad democrática en la que nada cambia. Veamos algunos de esos mitos:

1. El presidente redentor. “Ningún presidente ha servido, esperemos a que llegue al poder mi candidato y verán como resolvemos todos nuestros problemas”, parece ser lo que piensa el dominicano cuando evalúa la decisión de votar. Este mito resume nuestra cultura política: se vota siempre en contra, esperamos todo del estado, no creemos en las instituciones y la política está en manos del líder incuestionable, que no se equivoca y que a todos nos convence.

2. Hace falta un Trujillo. Apelación a la mano dura como procedimiento político y mecanismo para alcanzar el orden social. El argumento admite que no hay tal dureza de la acción política y supone que las políticas, salvo las instrumentadas por Trujillo o Balaguer, no sirven. Confesión sincera de nuestro autoritarismo y nuestra intolerancia.

3. Balaguer es el culpable. Reconocimiento subliminal de las incapacidades de la élite política, al indicar que un sólo hombre lo ha dañado todo, y que muchos hombres no han podido resolver nada.

4. La invasión pacífica haitiana. Argumento que justifica el terrorismo ideológico-político, sobre todo en tiempos de campaña. Arma para callar a quienes piensan diferente a uno. Discurso ideal para ocultar que no se tienen soluciones sobre los grandes problemas nacionales. A su creador-Balaguer- le dio buenos resultados.

5. La conspiración internacional. Hay una gran conspiración de los países más desarrollados, que persigue destruir nuestras “esencias” nacionales, pero cuyo propósito práctico se desconoce y de la cual no se tienen pruebas.

6. Aún no ha pasado nada. La psicología social lo explica claramente: eso se llama disonancia cognoscitiva. Como andamos siempre mal, esperamos lo peor para justificar nuestra incapacidad de resolver los asuntos del presente. Argumento que explica la espera resignada de los desastres cotidianos de la nación como si fuera la adecuada respuesta.

7. La democracia inmaculada. Mecanismo paradójico que justifica los fallos de nuestra democracia a partir de un modelo ideal inalcanzable. Argumento que permite evadir el necesario realismo que exige el ejercicio democrático y el sentido de responsabilidad que debe guiar toda acción política.

8. La corrupción razonable. El mejor argumento para justificar la corrupción. Herramienta de los corruptos para iniciarse en el negocio con un motivo justificador del fraude, la evasión y toda suerte de trampas y delitos de cuello blanco.

9. El hombre serio y los otros. Manera de confesar una derrota política o la ausencia de una política, cuando no se tiene poder. El hombre serio tiene por lo general una postura decente y no es corrupto, pero casi siempre cuando se identifica como tal es porque es derrotado o admite no tener poder.

10. Los poderes fácticos. Argumento al que apela un político cuando quiere hacer lo que le da la gana. Arma para desnudar a los críticos de una política y meter miedo a los contrarios.

11. El costo político. Manera de justificar el no asumir compromisos y tomar decisiones. Mecanismo ideal de los políticos en el poder, para brindar explicaciones a los suyos del fracaso de una política, de la toma de algunas decisiones, o de la no implementación de un acuerdo.

12. Este es un país rico mal administrado. Manera cínica de indicar que hay corrupción en el estado y mala distribución del ingreso. Se dice en reuniones de cierta importancia, donde se trata de ser discreto y no hablar de política.

13. Eso sólo ocurre aquí. Confesión de nuestro provincianismo intelectual y desconocimiento del mundo. El argumento tiene una vertiente conservadora (¡nuestro país es soberano y aquí no tiene que venir a meterse nadie!) y otra pre-política (¡sólo en este país vemos esas barbaridades!). Ambas nos permiten creer que somos la excepción y no la regla.

Esos mitos nos identifican como comunidad política, constituyen una cultura, pero es esta cultura lo que nuestra democracia debe superar.

Escrito por Wilfredo Lozano en la columna LOS TRABAJOS Y LOS DIAS de CLAVE DIGITAL el 18 de Mayo de 2007

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